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El ojo caza en la mata abajo del ombligo un abrigo secreta patria la lengua avista bien en el centro del jardín de pelos el lugar caverna
A falta de un cigarrillo El beso toma cuenta de los labios. De la boca, renace el deseo. En la lengua, la humedad lubrifica el amor. Comienzo en la tarde, breve, sin gusto de chocolate, pero mojado de lluvia y voluptuosidad.
Un museo precario, de la ciudad apenas en el nombre. Ni siquiera a lo lejos una zamba, sólo el ruido de la calle. Pero la belleza sabia repuso en la sutileza de la muchacha de negro que no es la transeúnte de Baudelaire… Desconfiada y fugitiva se recoge.
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